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Ganadería desvinculada.

De cazadores a ganaderos, de ganaderos a industriales, y de industriales a técnicos de laboratorio.

Dentro del modelo alimentario europeo, la regulación sobre nuevos alimentos no es baladí. A modo de correa de transmisión, el Reglamento de Nuevos Alimentos  –R(UE) 2015/2283–  concilia el principio de precaución, fundamento del modelo alimentario europeo,  con su vocación innovadora. Sin olvidar la prioridad de la defensa de los derechos de los consumidores, promueve la innovación mediante la agilización en la tramitación de nuevos alimentos, así como actualizando su articulado a los más recientes avances científicos e industriales.

De esta manera, viene a ser una previsión de la Unión Europea sobre el futuro abanico de alimentos ofertados en el mercado único.  De entre los nuevos alimentos considerados por el Reglamento en sus definiciones destaca el tejido de origen animal cultivado. Un filete cultivado en laboratorio procede de células miosatélite. Estas células tienen la función de reparar daños musculares formando fibras mediante su multiplicación. Pueden ser extraídas de los animales sin producirles daño alguno. La reproducción del proceso que llevarían a cabo estas células en su organismo de procedencia en una placa petri da lugar a los miotubos, que, con el sustrato y la disposición adecuada, pueden formar un filete comestible.

Cultivo de células animales en una placa Petri.

Cultivo de células animales en una placa Petri.

Este nuevo alimento tendría que hacerse hueco en el a priori  consolidado mercado cárnico europeo, y por extensión en el occidental. Uno de los indicadores del desarrollo económico -hasta este punto el consumo de carne se ha convertido en un rasgo característico de las economías desarrolladas y en desarrollo-  es el consumo per cápita de carne y su composición (50 kg/persona y año en España, el doble de lo indicado por la llamada dieta mediterránea, y 65 kg/persona y año en la UE). La bondad de este indicador reside en que una alta producción y consumo de carne implica un sistema ganadero industrializado, abastecedor de una población urbanita en crecimiento. Este fenómeno típicamente occidental, que facilitó y está facilitando el acceso a proteína de calidad a un mayor número de personas, se ha exportado a los países en vías de desarrollo. La FAO estima que la producción de piensos tendrá que aumentar un 70 % para poder alimentar a un mundo que para 2050 tendrá que duplicar su producción cárnica.

Sin embargo, el sistema de producción cárnica industrializado se está viendo amenazado por su propio éxito en aquellos países donde primero arraigó. La Comisión prevé, por primera vez en la historia de la UE, un descenso no puntual del consumo cárnico en la próxima década. La sobreabundante consecución de sus objetivos ha redundado en el surgimiento de problemas impensables en un sistema de producción preindustrial. Hablamos de la difícil y aún no resuelta gestión de sus residuos, la emisión de metano, la creciente superficie cultivada orientada a la alimentación animal, los desequilibrios nutricionales en la alimentación humana, la dependencia de la importación de proteína vegetal y sobre todo la cosificación de los animales, reflejada en el aumento de la preocupación por el bienestar animal. Todos estos problemas, en opinión de Mark Post, investigador de la Universidad de Maastrich, y uno de los artífices de esta carne de laboratorio que está en vías de disminución de sus costes de producción para lanzarse al gran mercado, se desvanecerían sustituyendo el consumo de carne natural por carne sintética.

Granja de pollos en Florida.

Granja de pollos en Florida.

Termine encontrando o no su nicho en el selecto mercado comunitario tan prometeica creación, la aparentemente anecdótica aparición de la carne de síntesis, como ocurre con la de otras fuentes alternativas de proteína como los insectos,  no atiende una veleidad, sino que indica una tendencia y responde a una causa muy concreta y es la búsqueda seria de alternativas al elevado consumo de proteínas de origen animal y sus consecuencias.

No obstante, nos preguntamos si es una buena solución aquella que aborda el problema huyendo hacia adelante y no en  sus causas. Si los problemas del mercado cárnico derivan de la industrialización de su producción, la solución integral del problema no puede venir de una industrialización aún mayor -no hay ambiente más artificial y por tanto más industrial que un laboratorio-. La industrialización de la producción cárnica conllevó la ruptura de infinidad de vínculos: el vínculo entre el consumidor y el productor -rurales versus urbanitas-, el vínculo entre el animal y la naturaleza -producción intensiva en detrimento de la producción extensiva-, el vínculo entre el consumidor y el animal -consumidores desconectados y desconocedores de la realidad rural y sus procesos naturales- , el vínculo entre la ganadería y la agricultura -ruptura de la economía circular que aprovechaba los restos de cosecha para la alimentación animal, y los residuos animales para el abonado en agricultura-, etc. La aparente solución de estos problemas propuesta por la síntesis de carne en laboratorio supondría paradójicamente la culminación de los mismos, y su consecuencia sería la desvinculación absoluta ¿Es ésta la solución que deseamos los europeos? ¿Cuál es la alternativa?

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Buscando la aguja en el pajar o qué hacer cuando no se encuentra sastre para la aguja: un caso de gestión del riesgo medioambiental.

Todo trabajo de inspección es minucioso y repetitivo. El colectivo objeto de los Inspectores de Hacienda  es el de una gran mayoría de agentes económicos que cumplen con sus obligaciones fiscales. El de los Inspectores de Ayudas de Superficie de la Política Agrícola Común es el de una gran mayoría de agricultores que declaran las superficies que realmente cultivan. El objetivo del inspector es pues evitar los falsos negativos, es decir, evitar que esos pocos que se salen del comportamiento deseado y mayoritario pasen por uno más entre tantos. El objetivo del inspector es buscar la aguja en el pajar.

A ello habría que añadir una componente de tensión en el caso de los  Inspectores de Sanidad Vegetal en frontera. Ciertamente, su trabajo es el de un equilibrista. Por un lado, no pueden permitirse una alta tasa de falsos positivos (interceptaciones de organismos que finalmente no son de cuarentena) pues estarían obstaculizando el comercio de mercancías de origen vegetal.  Por otro lado, un falso negativo (la entrada de un organismo de cuarentena) podría ser fatal. Aún vivimos las consecuencias de la dispersión en nuestro país de plagas como la del Picudo Rojo o la Polilla del Tomate.

En ciertas circunstancias, sin embargo, el equilibrista y buscador de agujas ha de dejar paso al domador de leones y al encantador de serpientes. El pasado mes de abril el Servicio de Sanidad Vegetal del Puesto de Inspección Fronterizo del puerto de Bilbao se encontró con más de 200 m3 de maderas de estiba abandonadas. Estaban gravemente infestadas por escarabajos de la madera: todo un riesgo medioambiental, más aún dado el enclave del puerto, una zona eminentemente forestal. Las maderas habían sido abandonadas tras la descarga de un buque, procedente de Ucrania, cargado de acero laminado. La madera, pese a presentar sellos acreditativos del tratamiento térmico pertinente, estaba minada de larvas y adultos de coleópteros Cantharidos y de otros géneros, todos ellos de especies no reguladas.

De James Lindsey at Ecology of Commanster, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1671918

De James Lindsey at Ecology of Commanster, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1671918

La gestión del riesgo se encontró con un vacío de responsabilidad. Al tratarse de madera que acompañaba a una mercancía, no podía ser considerada mercancía y por tanto carecía de propietario. Las compañías de seguros entraron en discusiones legales por la falta de claridad de las legislaciones aplicables. Finalmente, de entre todos los agentes implicados (cargador, concesionario de la zona de descarga, importador del acero, naviera, etc.) fue el agente de aduanas el que asumió los costes.  Transcurrieron cinco meses hasta encontrar sastre para la aguja. Durante este tiempo, el Servicio de Sanidad vegetal llevó a cabo un control preventivo consistente en la fumigación preliminar para evitar la expansión de los insectos, fumigación bajo lona con fosfuro de aluminio, aislamiento y vigilancia de la zona.  Finalmente, la madera se retiró e incineró, único modo de acabar con las larvas de las galerías más profundas.

Consecuencia de esta intervención se ha establecido una instrucción aduanera a nivel cantábrico que requiere la inspección fitosanitaria de la madera de estiba previa a la descarga de la mercancía. Ya ha dado sus primeros frutos: se ha impedido la descarga de dos barcos más del mismo cargador ucraniano en el mismo estado en otros puertos. 

Mientras tanto, los inspectores de Sanidad Vegetal en frontera siguen buscando la aguja en el pajar.

Noticia publicada en el Correo