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Reflexiones sobre la presencia de Xylella fastidiosa en Europa

El mayor problema de la sanidad vegetal es que, para el gran público, no es problema. La salubridad de la cadena alimentaria no se ve directamente afectada por las plagas y nuestra memoria reciente no alcanza a catástrofes relacionadas con plagas. Pocos saben que la hambruna que durante el siglo XIX provocó una emigración masiva  al continente americano se debió al mildiu de la patata, que arruinó las cosechas de patata del país. No parece tampoco tan importante que el olmo esté al borde de la extinción por enfermedad, ni que las variedades de plátano más sabrosas vayan desapareciendo por ser más susceptibles a cierto hongo o que nuestros bosques presenten cada vez un mayor declive. Sin embargo, nos demos cuenta o no, la amenaza se hace cada vez más presente.

Hemos visto desaparecer nuestros olmos, peligrar los pinares portugueses, llegar a tener que tratar sistemáticamente muchas de nuestras cosechas, vetar alguna de nuestras exportaciones y enfermar las palmeras en toda la costa española. Pero sin embargo el gran público no es consciente de la prioridad que debería dársele a estos temas, la dotación humana y económica para sanidad vegetal es ajustada y el sector en muchas ocasiones reacciona intentando retrasar los intentos de atajar los problemas.

La situación respecto a Xylella fastidiosa en Europa.

Cuando a finales del año 2014 Italia comunicó que había descubierto que la impresionante seca que desde hace un tiempo afectaba a sus olivos estaba provocada por una bacteria llamada Xylella fastidiosa, pocos conocían la dimensión del problema al que Italia se estaba enfrentando.  Sin embargo desde un primer momento se percibía que el problema merecía una atención prioritaria, tomándose medidas a escala comunitaria a una velocidad probablemente inédita hasta el momento en el ámbito de la sanidad vegetal.

Toma de muestras en olivo

Toma de muestras en olivo

A lo llamativo de su nomenclatura (el apellido “fastidiosa” se debe a la dificultad de aislar la bacteria) se unía la incertidumbre ante la detección de un organismo nocivo que hasta el momento había permanecido circunscrito al continente americano y sobre el que se sabía que los estadounidenses aún no habían conseguido arrojar mucha luz. Al contrario de como sucede en muchas otras ocasiones, en esta la Comisión actuó sin esperar a que toda la información científica estuviera recabada, en tanto la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria (EFSA) realizaba mas averiguaciones sobre cuestiones como la posible lista de hospedantes o los países en los que estaba presente la bacteria. Las prospecciones se intensificaron y poco después, otros estados miembros como Alemania, Francia y España, han comprobado que, desgraciadamente, la bacteria se encontraba presente también al menos en algún punto de sus territorios, probablemente desde hace años. 

Sin embargo no todo tiene por qué ser malas noticias; es cierto que la Xylella fastidiosa se ha asociado en algún caso a una situación preocupante que ha causado daños importantes, mientras que en otros no ha sido así.

A la vista de lo que ha venido sucediendo en otros territorios del mundo en donde hay presencia de esta plaga, se deduce que hay que actuar con la máxima precaución, si bien la gravedad del problema ha de ser valorada caso por caso ya que, aunque se habla de que el complejo de bacterias de la Xylella fastidiosa puede afectar a un gran número de especies vegetales (más de trescientas), existen diferencias entre distintas subespecies de la bacteria, de modo que no todas afectan a las mismas especies vegetales ni con el mismo nivel de agresividad.

Las consecuencias de la plaga podrán depender de la subespecie o cepa de la que se trate y su agresividad, de la mayor o menor susceptibilidad de la vegetación presente en el entorno en el que se encuentre, así como de la climatología favorable o la presencia de insectos capaces de transmitir la enfermedad.

Toma de muestras en olivo

Toma de muestras en olivo

Los casos detectados en Europa son buen reflejo de esta variabilidad: lo que ha sucedido en el caso italiano es que la bacteria se ha encontrado con el entorno más favorable posible a su desarrollo, en tanto en Alemania no ha podido establecerse. En Francia y Baleares nos hemos encontrado con cierta variedad de cepas presentes y plantas afectadas, mientras que en el brote de Alicante sólo hay una cepa que parece afectar sólo a Almendros.  Por tanto todo indica a que ha habido distintas introducciones sin relación entre ellas, que la bacteria lleva tiempo en el territorio europeo y que en algunos casos se está conviviendo con ella sin grandes problemas, hasta que en algún momento la cepa “oportuna” encuentra el entorno “adecuado”, como ha sucedido en Italia.

¿Cómo ha podido suceder?

Podríamos hablar de diferentes factores que han contribuido a que nos encontremos hablando de la presencia de esta y otras plagas en la Unión Europea:

  • Por una parte la apertura de fronteras que se ha promovido, facilitando el comercio creciente de plantas exóticas, entre ellas muchas ornamentales que hace años no circulaban por Europa y que hoy día podemos encontrar en cualquier vivero e incluso en conocidas superficies comerciales.
  • Un régimen de importaciones que, a diferencia de los que existen en nuestros principales socios comerciales, ha sido abierto. Todo lo que no ha sido expresamente prohibido, se ha permitido. Esto ha provocado que hayamos ido hasta ahora por detrás del riesgo.
  • Baja disponibilidad fitosanitarios. La baja alarma que despiertan las plagas contrasta con la importante percepción de que los fitosanitarios son nocivos, condicionando esto la aprobación de materias activas.
  • Y el hecho de que muchas plagas presentan largas etapas de latencia o de sintomatología difusa que se confunde con secas o plagas endémicas en un primer momento. Ambas cosas suceden en el caso de la misma Xylella fastidiosa, lo que puede haber condicionado el momento de su detección.

¿Contamos con herramientas para defendernos de esta amenaza?

Lo cierto es que la virulencia con que la bacteria a debutado en Italia ha servido para que realmente se tomaran cartas en el asunto de una manera sin precedentes en la sanidad vegetal europea, consiguiendo aprobar las primeras medidas de emergencia en un tiempo record y poniendo a la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria (EFSA) a trabajar contra reloj para conseguir toda la información relevante.

Experimentación con nuevas variedades

Experimentación con nuevas variedades

Por otra parte se han destinado recursos específicos para la investigación científica, habiendo avanzado probablemente en tres años en este campo tanto o más como se había hecho en 50 años en el continente Americano, donde se convive con la plaga. Es cierto que hoy día no hay disponible una cura contra la bacteria, pero si que se está aprendiendo a luchar contra la dispersión de la enfermedad, sobre los insectos portadores de la misma, o sobre variedades resistentes a ella.

Además, fuera de Italia hemos tenido ocasión de prepararnos con algo de tiempo, desplegar nuestro potencial de inspección y encontrar el problema y gestionarlo adecuadamente antes de que llegue a alcanzar ciertos extremos.

También es importante señalar que el caso Italiano, si bien la erradicación no ha sido posible y las dimensiones del problema han supuesto una catástrofe, parece que se ha conseguido confinar el problema al área donde fue inicialmente detectada, dado que por ahora no ha habido detecciones de la cepa CODIRO, que es la que asola los olivares italianos, ni en otras áreas de Italia ni en otros países de la UE.

Pequeños grandes cambios

El interés que ha despertado esta plaga ha sido grande. Excepcionalmente nos hemos encontrado con que un problema fitosanitario podía ocupar varias páginas en los más importantes diarios de tirada nacional y en programas de radio de difusión general. 

El tratamiento que se ha dado en la Unión Europea a este problema es un precedente positivo y parece haberse despertado (aunque tímidamente) cierta conciencia de que quizá habría que replantearse la política fitosanitaria en nuestras fronteras, habiéndose impulsado una evaluación de ese régimen de importación totalmente abierto de modo que se están revisando actualmente todos los posibles riesgos fitosanitarios existentes.

Sin embargo es necesario hacer mucho más. Es necesario un proceso de concienciación tranquila, lejos de catastrofismos, exageraciones o demandas desproporcionadas que tampoco ayudarían a avanzar hacia soluciones, pero que sirva para que el ciudadano, el agricultor, el consumidor, el periodista, el político o el funcionario, sea consciente de su papel en la solución a un problema fitosanitario de este calibre.

Aún queda mucho por andar para poner a la sanidad vegetal en el lugar que le corresponde. Esperemos que no hagan falta más situaciones como esta para llegar a ello.