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Dejemos de hablar de salamandras

Una sombra amenaza a la Unión Europea (UE) desde su origen. La amenaza del gigante con pies de barro que cuanto mayor más teme la caída. Como la sombra, esta amenaza es una proyección de su propia forma. Como los pies de barro del gigante, se encuentra en el fundamento de tan gigantesca estructura política. Dicha amenaza reside en la materialización, puramente económica de ese proyecto que llamamos UE.

En efecto, los fundadores de la UE se valieron para alcanzarla de una Comunidad Económica. La ahora Unión Europea, pese a sus ansias de ser mucho más, formalmente no es más que una comunidad de intereses económicos. Y pocas cosas hay tan cambiantes como los intereses económicos.

No en vano, los ámbitos en los que la UE tiene competencias exclusivas son aquellos relacionados con el mercado único europeo (art. 3 del TFUE: unión aduanera, normas sobre competencia, política monetaria). Otras manifestaciones de su naturaleza puramente económica han sido los sucesivos fracasos en dotarla de una Constitución; la debilidad de los lazos que la unen a algunos de sus miembros, tan fáciles de romper como los intereses que los sustentan, en época de vacas flacas (véase el Brexit o la amenaza de abandono de Grecia durante su crisis económica); los rumores de renacionalización de la Política Agrícola Común. Incluso sus políticas más solidarias, como son las políticas de desarrollo territorial, de las que tanto nos hemos beneficiado (hay quien la califica para el caso español como de “la mayor operación solidaria de la historia”), no pueden desprenderse de este carácter meramente ecónomico (transferencia de fondos mediante cofinanciación).

Pero detrás de este aparato económico hay algo más. Es como si el gigantesco aparato burocrático que la constituye, los sucesivos Consejos, y las interminables negociaciones en pos de un status quo que avanza para retroceder, no fueran más que una grandísima excusa para alcanzar lo que verdaderamente anhela. Como Gussie Fink-Nottle, el personaje de Wodehouse experto en salamandras que cada vez que intentaba declarar su amor a la soñadora Madeline Basset se veía compelido a hablar ansiosa y eruditamente de estos anfibios, pareciera que los europeos y sus políticos se vieran compelidos a hablar de competitividad y economía hipocarbónica cuando en realidad lo que los une es otra cosa que son incapaces de expresar.

¿Qué la hace incapaz de avanzar en este sentido? El miedo a que dicho anhelo no sea coincidente entre los europeos. El miedo a que dicho deseo de unión no sea más que una ilusión sin un verdadero fundamento común. Ante este miedo lo más seguro es, por tanto, el diálogo en el terreno de lo técnico y económico, de lo objetivo e indubitable; y que esa ilusión vaya encogiendo ante una estructura cada vez más sólida y profusa. Pero si profundizamos verdaderamente en dicho anhelo, veremos que no sólo no es una ilusión, sino que es el fundamento sólido que necesita la Unión.

salamandra

Europa es Grecia y Roma, es Cristianismo e Ilustración, es su Edad Media y su Renacimiento. Es sus guerras de religión, y sus sangrientas rivalidades entre naciones. Es socialismo, liberalismo y nacionalismo. Es gremio y parlamento. Es apertura al mundo y colonialismo. ¿Qué es Europa? Europa es un proyecto de justicia y desarrollo social y territorial equilibrado que respeta la individualidad de sus miembros y las comunidades de las que se nutren éstos en un marco de subsidiariedad. En este tiempo de globalización aséptica de inciertos resultados la UE ha de zafarse de la vergüenza y el letargo para articular política, y no sólo económicamente, los mecanismos necesarios para mantener su identidad.

En este reto, la participación de los tecnólogos, y muy en especial de los ingenieros agrónomos, como agentes que enlazan la tecnología, el medio ambiente y las personas, es medular. Ante la amenaza del avance tecnológico por el avance tecnológico, los ingenieros agrónomos hemos de materializar una tecnología puesta al servicio de un desarrollo como el que motivó el nacimiento de la Comunidad Europea; un desarrollo tecnológico al servicio del individuo y su comunidad, que no los instrumentalice. Así, los esfuerzos de la Administración (impulso y financiación), los centros públicos de investigación y universidades (investigación y desarrollo), y los ingenieros y empresarios (implantación e innovación) son fundamentales, no sólo facilitando el acceso de las pequeñas y medianas industrias y explotaciones con arraigo local a la tecnología de la que disponen las grandes, sino desarrollando y adaptando soluciones tecnológicas ad hoc a sus problemas específicos. El reto de la ingeniería agronómica europea es el de ser capaz de actuar localmente en un mundo global.

Que hoy, Gussie Fink-Nottle, hablando o no de salamandras, sea capaz de declarar su amor a la soñadora Madeline Basset; que mañana los ingenieros agrónomos y la Administración, hablando o no de economía circular, sean capaces de ponerse al servicio de la sociedad; y que pasado mañana la UE, hablando o no de competitividad, sea capaz de hablar de verdadera unión a sus ciudadanos.