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Lo pequeño es hermoso

Pese a nuestra dependencia de los sistemas digitales, las personas seguimos siendo necesarias para nutrir de información a los ordenadores, pues los ordenadores interactúan limitadamente con su entorno. Con el Internet de las Cosas (IoT) los trabajos especializados, repetitivos y de manejo de datos podrán ser desempeñados por sistemas que combinan los sensores, la robótica e internet. El uso más generalizado de la informática dejará de ser el procesado y almacenamiento de datos para pasar a ser la interactuación con el entorno y su control.

Según estudios de la Universidad de Oxford el 47 % de los empleos actuales están en riesgo; concretamente aquellos que son especializados, repetitivos y que manejan datos. Otros estudios como el del Observatorio económico del BBVA Research , afirma que el 37 % de los empleos actuales en España pasarán a ser desempeñados por robots en las próximas décadas.

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Ambos estudios coinciden en que el segmento laboral más afectado es el de aquellos trabajadores de la actual clase media formada (médicos, ingenieros, financieros, etc.). Por ejemplo, la asesoría agrícola será llevada a cabo por aplicaciones informáticas facilitadas por las casas comerciales a sus agricultores. Estas aplicaciones informáticas, nutridas de información procedente de múltiples sensores, modelizarán el comportamiento de los cultivos en base a una cantidad ingente de datos procedentes de explotaciones de todo el mundo (Big Data). Los agricultores recibirán un asesoramiento específico para el cultivar y los medios de producción adquiridos, así como para la meteorología de la campaña en curso y las características de sus suelos, todo ello evaluado mediante sensores. A cambio, las grandes empresas de semillas, fertilizantes o fitosanitarios tendrán una enorme cantidad de información sensible sobre las necesidades de sus clientes y el comportamiento de sus productos en distintos ambientes. El tradicional perito de la casa comercial, que actualmente sigue asesorando a los agricultores sobre el uso de sus productos, o el perito de la comarca, que evalúa y asesora a los agricultores cuando ocurren otro tipo de problemas más genéricos, serán innecesarios. El trabajo de estos miles de técnicos que trabajan por nuestros campos lo desempeñarán unas pocas aplicaciones informáticas.

Que cada lector evalúe si su trabajo es repetitivo y especializado. Si lo es, un robot apoyado por un sistema de información, podría hacerlo (y lo acabará haciendo) más eficientemente.

El informe del Observatorio Económico del BBVA Research propone como solución, por un lado, un cambio en la legislación laboral que favorezca el crecimiento empresarial y la creación de empleo y, por otro, una modificación de nuestro modelo educativo. Consideran que nuestra educación ha de dar un vuelco radical y dejar de enseñar a realizar trabajos repetitivos, especializados y de manejo de datos para dar lugar a personas con “habilidades tecnológicas complementarias al progreso tecnológico”.

No se preguntan en este informe (ni en otros de la misma índole) si esas personas quieren o no cambiar de profesión. Si se sienten realizadas con el mismo. O si realmente desean para sus hijos trabajos “complementarios al progreso tecnológico”. Es decir, que sus hijos sean desde el punto de vista económico complementos de la tecnología.

No se preguntan si sus actuales empleos ayudan a las personas a criar a sus hijos o a mantener a sus familias, o incluso a formarlas; o si más bien son un obstáculo. Nadie se ha preguntado por los sujetos pasivos de este “progreso tecnológico”. Y es que realmente no importan, o al menos no pasan de ser secundarios. Son una variable de poco peso en el modelo.

Esta concepción del desarrollo tecnológico y económico parte de la premisa de que el progreso es anterior e independiente de las personas. Es entendido como una fuerza inevitable y necesaria, de carácter mítico, equivalente a la fuerza del Destino en la Antigüedad. Es lógico que las multinacionales acepten y promuevan esta concepción del progreso (son sus principales beneficiarias). Pero a priori carece de lógica que aquellos que vamos a soportarla con mayor o menor suerte, la aplaudamos cuando ni siquiera contamos para ella, cuando en ella no somos más que un complemento al progreso tecnológico. Asumiendo esta premisa asumimos irracionalmente que otro tipo de progreso tecnológico es imposible.

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Existe una filosofía generalizada de que cuanto más grande mejor: el mercado, las organizaciones, las máquinas. Y con lo más grande va también lo más rápido, lo más complejo, lo más hambriento de capital […] entre la gente del mundo actual hay una tremenda añoranza de la humanidad y comodidad de lo pequeño. Ésta es una tendencia que cualquiera puede fácilmente observar por y en sí mismo […] recordemos quienes somos: seres destinados a disfrutar de salud, belleza y permanencia; dotados de enormes dones creativos, y capaces de desarrollar un sistema económico tal que la gente esté en el primer lugar y la provisión de mercancías en el segundo. La provisión de mercancías, sin duda, se cuidará entonces de sí misma”.

“La tarea principal de la tecnología debe ser, pues, la de aliviar el peso del trabajo que el hombre tiene que llevar adelante para poder subsistir y desarrollar sus facultades potenciales, entre las que, ¿por qué no?, se encuentran también las manuales”.

Pero para ello hace falta una concepción filosófico-económica del mundo en la que las personas cuenten; en la que no haya nada por encima de la dignidad de la persona (sobre todo las más débiles). Ni si quiera el más fulgurante y glorioso de los progresos. Una economía a la medida de las personas, que se fije en lo pequeño, porque lo pequeño es hermoso.

Cristóbal Garrido Novell.

NOTA: Las partes entrecomilladas y en cursiva de los tres últimos párrafos provienen del ensayo económico “Lo pequeño es hermoso: una economía como si la gente importase” de E. F. Schumacher (1973).