post

Patricia Ortega García, coronel de las fuerzas armadas.

El 30 de octubre se publicó en el Boletín Oficial de Defensa (BOD) la convocatoria para el curso de ascenso a general. Por primera vez, en su lista figura una mujer: la única coronel de las Fuerzas Armadas, Patricia Ortega García. Se reproduce a continuación la corta pero jugosa entrevista que le realizó el diario El País a esta Ingeniero Agrónomo del Cuerpo Politécnico del Ejercito el 13/08/2016.

Desde junio pasado, Patricia Ortega García (Madrid, 1963) luce es sus galones tres estrellas de ocho puntas. Con antigüedad de octubre de 2015, es la primera, y hasta ahora única, coronel de las Fuerzas Armadas españolas. En seis años podría convertirse en la primera general de la historia del Ejército español, aunque antes de que llegue ese día, si es que llega, tendrá que superar muchos obstáculos y ella prefiere explayarse sobre su última obra en la Dirección de Infraestructuras del Ministerio de Defensa: el Centro Militar de Farmacia, que ha ejecutado con un 43% de baja sobre el presupuesto inicial. Un ahorro que exhibe con indisimulado orgullo.

“Al principio había muchísima presión. Te sentías muy observada, estabas siempre bajo lupa. Entrabas en la cantina y se giraban todas las cabezas. Se daban situaciones embarazosas. Entre nosotros hay que ceder el paso al superior jerárquico. Pero el militar lleva a gala su cortesía. Así que me veías a mí, una alférez, disputando con un general por ver quién pasaba delante. Al final, hallé la forma de salir airosa: ‘Si usted no lo ordena general, yo no paso primero”.

250px-Coat_of_Arms_of_the_Spanish_Army_Polytechnic_School.svg[1]

Nieta, hija y hermana de militares, tenía clara su vocación y, tras graduarse como ingeniero agrónomo en la Universidad Politécnica de Madrid, aprovechó la primera ocasión para alistarse: fue en 1988, cuando las Fuerzas Armadas entreabrieron por primera vez sus puertas al sexo femenino, aunque solo a determinados cuerpos y escalas.

Única mujer de su promoción del Cuerpo de Ingenieros Politécnicos, ha servido involuntariamente como conejillo de indias para situaciones que nadie había previsto. “Es verdad que hicieron lo posible por afrontar la situación. Ahora resulta entrañable imaginarse a un montón de militares debatiendo cómo debía ser el sujetador de campaña o el bolso de paseo. Pero el proceso fue muy acelerado y hubo que resolver los problemas sobre la marcha. Yo me quedé embarazada y no había uniformes adecuados. Se lo planteé al coronel y me dijo: ‘Queda relegada de llevar uniforme hasta que su estado físico sea compatible con la dignidad del mismo’. No concebía que una mujer embarazada recibiera como capitán de cuartel las novedades con la tropa formada”.

La coronel asegura que el Ejército se ha adaptado a la presencia de la mujer. “Creo que podemos sentir orgullo. ¿Hay alguna sombra? Obvio. Somos el reflejo de la sociedad y en las Fuerzas Armadas hay cabestros, como en todas partes. Pero institucionalmente se han tomado medidas para que determinadas cosas no pasen y, si pasan, se corrigen”.

Aunque la situación se ha normalizado, reconoce que, “si un hombre hace algo, lo ha hecho Zutano, y no se juzga al colectivo masculino por una actuación individual. En el caso de las mujeres no es así. Si alguna de nosotras hace algo bueno o malo, generalmente lo segundo, nos salpica a todas. Pero eso sucede allá donde hay una minoría y la mujer lo sigue siendo en las Fuerzas Armadas”.

Pregunta. ¿Se ha sentido alguna vez discriminada? A favor o en contra.

Respuesta. Positivamente, nunca.

Opuesta a las cuotas, lo que más le molesta es que alguien pueda pensar que se le ha favorecido en el ascenso a coronel por ser mujer. “El proceso ha sido completamente aséptico. Se ha seguido el método habitual de evaluación de las Fuerzas Armadas, en base a unos baremos objetivos que dan una clasificación. Es verdad que la ley permite aplicar un coeficiente discrecional de hasta el 15% para reordenar la promoción. Pero en nuestro caso la junta ha sido exquisita en extremo y no ha aplicado ese coeficiente de discrecionalidad. Hemos salido ordenados con el número que nos dio la clasificación prevista en la Ley de la Carrera Militar, en que se valora el mérito y la capacidad”, se explaya.

P. ¿Cómo pudo conciliar tener tres hijos con su carrera?

R. Malamente, como todos. No es que la idea de la conciliación no estuviera en las Fuerzas Armadas, es que no estaba en la sociedad. Para cualquier mujer, en cualquier ámbito, tener hijos es un obstáculo y, aunque no lo fuera objetivamente, se va a percibir así en su entorno laboral. Eso es lo que hay que cambiar.

P. ¿Existe un estilo de mando femenino?

R. No. Yo creo que eso es un tópico a desterrar.

P. ¿Se considera feminista?

R. ¿Considera usted que es feminismo decir que habrá igualdad el día que haya tantas mujeres mediocres como hombres mediocres en altos cargos?

P. Sí.

R. Pues el feminista es usted.

post

Entrevista a un compañero.

Por su interés se reproduce la entrevista a nuestro compañero Vicente Forteza en el Nº 41 de Mundo del Agrónomo (junio de 2018) editado por el Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Centro y Canarias.

Vicente Forteza pertenece al Cuerpo Nacional de Ingenieros Agrónomos del Estado. Ha desarrollado su actividad profesional en el ámbito del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación durante casi 50 años, en el que ha desempeñado diversos cargos de responsabilidad. El Colegio le ha nombrado Colegiado de Honor.

Ha estado más de 40 años ligado al Ministerio de Agricultura. Ha pasado por distintos gobiernos y ministros. ¿Cómo describiría la evolución del Ministerio en todos estos años?

Casi 50. Exactamente, 48. En ese tiempo he servido en los Ministerios dirigidos por 19 titulares; cinco de ellos anteriores a la Constitución de 1978. Como suele decirse “he visto pasar mucha agua por debajo de los puentes”. Y tenido la oportunidad de vivir varias “revoluciones”, tanto en el fondo como en la forma de abordar la política agraria y su gestión en la Casa. Pero, en definitiva, la evolución del Ministerio no ha sido otra que la de la propia sociedad a la que sirve. Una sociedad que, en estos años, no ha dejado de cambiar. Democracia. Descentralización política y administrativa, como pocos países en el mundo. Incorporación a la Unión Europea, asumiendo muchas exigencias de quienes ya eran miembros. Globalización y apertura al mundo. Máxima sensibilidad hacia las cuestiones medioambientales…

A todo ello, y a más, el Ministerio se ha adaptado. Conforme al desarrollo constitucional, cedió competencias, que eran exclusivas y basadas en la jerarquía, para compartirlas con las comunidades autónomas, con las que ahora colabora y coopera, y a las que coordina. La interlocución con las diferentes organizaciones representativas de la cadena alimentaria es permanente. La PAC, sus reglamentos y ayudas, se incorporaron a las normas nacionales, y hoy España es uno de los países más beneficiados de esas ayudas. Se ha impulsado la internacionalización y exportamos por valor de 50.000 M€; somos el octavo exportador mundial de productos agroalimentarios. El cuidado del medioambiente condiciona las ayudas, convirtiendo así a la agricultura en parte de la solución al problema del cambio climático. Mérito, sin duda, de cuantos componen la larga cadena alimentaria, la que va “de la granja a la mesa”, pero a la que el Ministerio y las administraciones autonómicas, creo que han contribuido eficazmente como instrumentos reguladores de su funcionamiento.

¿Hay algún momento que recuerde especialmente?

Después de tanto tiempo, muchos. Y más si se tiene en cuenta que he pasado por casi todos los “barrios” del “pueblo grande” que, para mí, es el Ministerio, ocupando puestos diversos.

Desde la Dirección General de Agricultura, donde comencé en 1969, al Gabinete de la Ministra García Tejerina, en 2017, pasando por la Jefatura de Servicio y la Subdirección General de Coordinación y Planificación de la Dirección General de la Producción Agraria (DGPA), la Vicesecretaría General Técnica, la Subdirección General de Análisis Económico, la Dirección de ENESA, la Dirección General de Desarrollo Rural y la Asesoría de la Presidencia del FEGA.

A lo largo de ese recorrido claro que ha habido momentos especiales. Entre muchos otros: Mi primer destino, en Huelva, y mi incorporación a un Grupo de Trabajo que se constituyó en Córdoba, para fundamentar las acciones del Departamento, en producción vegetal. El ingreso en el Cuerpo de Agrónomos, en 1976. Los primeros nombramientos, en la DGPA, basados en la confianza de mis superiores (José Puerta, Julio Blanco) y en la generosa colaboración de los funcionarios de la Unidades que tuve que dirigir. Mi paso por la SGT, ENESA, Análisis Económico y Desarrollo Rural, donde esa colaboración permitió diseñar y aplicar medidas relevantes para el sector (negociación de la tributación por módulos; gestión de las ayudas y beneficios fiscales en la sequía del 92 al 95; nuevas coberturas en seguros agrarios; puesta en marcha de la modernización de regadíos). Mi despedida como funcionario del Estado, en el FEGA y, finalmente, la que tuvieron la generosidad de dispensarme Miguel Arias e Isabel García Tejerina, junto con los altos cargos del Departamento y muchos amigos, cuando dejé el Gabinete, en marzo del año pasado.

¿Qué le llevó a incorporarse al Cuerpo de Ingenieros Agrónomos del Estado?

En cierto modo, yo estaba “predestinado”. Mi padre era maestro nacional, un servidor público en la Educación. Así que el servicio público lo viví en mi casa desde que tuve uso de razón. Elegí hacerme Agrónomo tras mi paso por la Universidad de Murcia. Y me “hicieron” en la Escuela de Agrónomos de Madrid, en unos años, los primeros 60, muy próximos al cambio de planes de estudios, cuando la Escuela dejó de ser Escuela de funcionarios, para integrarse en la Universidad, como una facultad más.

Los profesores que tuvimos eran funcionarios que trabajaban, casi todos, también en el Ministerio. Y uno de ellos, Manuel del Pozo, nos propuso a unos cuantos compañeros incorporarnos al Ministerio, como personal contratado, en el marco de los Planes de Desarrollo de la época. Y allí fuimos. Era 1969. Cuando, después de siete años, conociendo por dentro la Casa y sus cometidos, se convocaron las primeras oposiciones al Cuerpo de Ingenieros Agrónomos –por cierto, muy reñidas – la opción era clara. Me presenté, tuve fortuna y las gané y me incorporé al Cuerpo en 1976.

Además de haber sido nombrado Colegiado de Honor del Colegio, el Ministerio de Agricultura le ha concedido también recientemente su máxima distinción, la Gran Cruz de la Orden Civil del Mérito Agrario, Pesquero y Alimentario. ¿Cómo ha recibido estos reconocimientos?

Va a sonar a tópico, pero no puedo decir otra cosa. Con una gran satisfacción. Tengo un amigo, medio filósofo, medio agrónomo, que una vez me dijo: Convéncete, “Fortis “– que es como me llama, cariñosamente – para ser feliz en la vida apenas si hacen falta tres cosas: un poco de cariño, un poco de protección y un poco de reconocimiento.

Nunca lo he olvidado, así que, tanto la distinción del Colegio, por parte de mis compañeros de profesión, como la distinción que me ha otorgado el Gobierno, a propuesta de la ministra Isabel García Tejerina, me han hecho sentirme especialmente feliz y han colmado, con mucho, las expectativas que yo pudiera tener respecto de mi trayectoria al servicio de la sociedad española, a través de la Agricultura y la Alimentación.

¿Cuál es el perfil que caracteriza al ingeniero agrónomo funcionario? ¿Qué cualidades debe tener?

El que a mí me parece más adecuado es el de un profesional comprometido con el servicio a la sociedad, con disponibilidad para llevar a cabo la tarea que se le encomiende, en el seno de la organización de la que forme parte. Ya sea el Ministerio de Agricultura o en cualquier otro Departamento de la Administración General del Estado o de las Administraciones Autonómicas, porque, aunque mayoritariamente servimos en Agricultura, los hay que administran otros temas menos ligados a lo agrario. En cuanto a cualidades había una muletilla que, siguiendo el alfabeto, decía que un buen profesional debiera ser RST. De responsable, serio (pero, sin exagerar) y trabajador.

Pero, a mi juicio, sobre cualquier otra consideración, la cualidad fundamental es que aprecie, que quiera lo que hace. Porque querer lo que uno hace (que es distinto de hacer lo que uno quiere) en esta profesión supone querer servir a los intereses generales (que, como Teruel, también existen) y considerar que no hay tarea menor; que, por pequeña que parezca la que tenga encomendada, todo tiene su importancia y sirve al objetivo final de la organización en la que se integra.

Según su opinión, ¿cuáles son los grandes frentes que tiene abierto el sector y que el nuevo ministro, Luis Planas, debe afrontar?

El Ministro Planas ya ha expuesto cuáles van a ser sus grandes líneas de trabajo con las que, por cierto, no puedo estar más de acuerdo. Creo que la idea de continuar con las políticas que dan buenos resultados, y mejorarlas en lo posible, es muy conveniente para los sectores a los que afectan. Y en el caso de la Agricultura y la Alimentación, donde las decisiones a adoptar por todos los implicados en la cadena alimentaria son a largo plazo, más si cabe. Cuando esto no es así, es razonable quejarse. Y así sucede con los frecuentes cambios en la PAC, cuando estos son muy bruscos, en relación con la situación de partida. Lo que sobra en nuestra sociedad y, desde luego, en el mundo rural, es incertidumbre, por lo que todo lo que ayude a eliminarla debe celebrarse.