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En respuesta a un amigo: ecologismo científico, sentimental e integral.

Me decí­a un amigo que la única manera que tendrá el hombre de convivir con la naturaleza a largo plazo será mediante su confinamiento en ciudades autosuficientes. No sólo ignoraba el principal postulado del desarrollo rural, a saber, el desarrollo territorial equilibrado, aquél que busca evitar la hipertrofia de las ciudades con sus favelas, chabolas, pisos ataúd y barrios en serie; junto a la anemia de los pueblos y comarcas rurales. No, no sólo lo ignoraba, sino que lo rehuía conscientemente.

Me argumentaba que gracias a los logros de la tecnología combinados con el nuevo urbanismo, las megaciudades pueden ser y serán habitables y sostenibles. De este modo la humanidad podrá al fin poner coto a su sed infinita de recursos encerrándose en una jaula de cables, hormigón y microchips hecha a su medida. Una jaula que la protegerá de si misma, de su propio potencial destructor. Podemos imaginarnos un mundo donde la inmensa mayoría de los habitantes no sepan de dónde proceden los alimentos; producidos éstos, en aras del mínimo uso de recursos naturales, por grandes multinacionales altamente tecnificadas, eficientes, y respetuosas con el medio ambiente, difícilmente distinguibles de la Administración Pública (véase la tendencia europea y mundial a la concentración de tierras). Yendo un poco más allá podríamos imaginar fábricas donde los tejidos vegetales se sinteticen a partir de algas en tanques altamente eficientes en el uso de la energía solar; y los tejidos animales a partir de cultivos in vitro nutridos por estas algas, haciéndose innecesario cualquier tipo de agricultura y ganadería.

En el polo opuesto encontramos otros movimientos que reclaman el retorno a la naturaleza. Hablamos de la agricultura ecológica, los numerosos casos de retorno al medio rural de urbanitas desengañados provenientes de clases medias/altas, la proliferación de cooperativas de consumo y plataformas de venta por internet de alimentos procedentes directamente del productor, la multiplicación de los huertos urbanos, etc.

Ambas posturas  pese a ser diametralmente opuestas (la primera busca el mínimo contacto con la naturaleza por medio del abandono de la agricultura tradicional y la vida rural que la acompaña; buscando la segunda la vuelta a esta misma agricultura tradicional y su vida rural), surgen como reacción a un mismo estado de cosas. Nos encontramos en un punto de equilibrio inestable en el cual la agricultura industrializada está a un paso de dar lugar a una agricultura que nada tiene que ver con la agricultura tradicional. Ante esta situación en la que aún conviven dos modelos de agricultura, al menos en el ideario popular, tendemos inevitablemente a caer por una de las dos pendientes que nos lleven al equilibrio estable: la pendiente de la  agricultura digital, manejada por drones, pantallas táctiles,  robots y biotecnología; y la de la agricultura de los campesinos: la agricultura esforzada, del pueblo, los tomates que saben a tomate y los abuelos.

No sólo coinciden en que surgen como reacción a un mismo estado de cosas, sino que, aunque no lo parezca, buscan lo mismo, pero por vías distintas: el retorno al equilibrio estable, el equilibrio medioambiental. Mientras que una lo hace por medio del sentimiento, la otra lo hace por medio del análisis de las estadísticas y el optimismo tecnológico.

Los que, como mi amigo, son más racionalistas, y abogan por las megaciudades eficientes y autosuficientes, tienen en cuenta las previsiones de crecimiento de la población mundial, el incremento del nivel de renta medio y el consecuente incremento mundial en la demanda de alimentos caros en términos energéticos de esa población mundial (entre otros recursos). En cambio, los más sentimentales se guían de alguna manera por un ideal más bucólico del campo, más propio de Walt Disney o de una égloga de Virgilio que de la cruda realidad  (incremento de suicidios en el campo francés); obviando el gran avance que supuso su mecanización, si no para todos, al menos para los pocos agricultores que sobrevivieron a la misma.

Por el bien de las discusiones entre amigos, no obstante, siempre hay un pero. Al razonamiento de mi amigo se le pueden oponer dos objeciones. De la primera no estoy muy seguro por pertenecer al ámbito de la economía, sin ser el que escribe un economista; de la segunda, estoy algo más seguro  por pertenecer al ámbito de la antropología, siendo el que escribe, hasta donde sabe, un ser humano.

Mi racionalista amigo, se basa en las previsiones de incremento de la población, renta, demanda de alimentos, etc. realizadas por reputados economistas. Los números no engañan. Y es cierto, no engañan sobre el papel. Como los economistas saben latín, suelen poner a final de sus predicciones y modelos la coletilla “ceteris paribus“. Con ella quieren decir que la variable o variables que predicen, en función de otra u otras variables independientes, serán válidas siempre que el resto de variables que explican su modelo permanezcan tal cual, es decir, constantes; y de paso se cubren las espaldas. Esto no desacredita sus modelos ni predicciones, pero los ponen en su lugar, sobre todo cuando en estos modelos matemáticos interviene la poco matemática e imprevisible voluntad humana. Los modelos de predicción económicos, al incluir la variable humana son avisos sobre posibles hechos futuros que podrían darse de no cambiar los sujetos económicos su comportamiento. Pueden informar sobre algunas de las soluciones posibles económicamente, de acuerdo al modelo, pero dado el extensísimo ámbito de posibles actuaciones del género humano, éstas son necesariamente insuficientes (en esto no seguimos a Adam Smith). Pongamos un ejemplo: para 2100 los modelos proyectan que la población será de 11.200 millones de habitantes; estos modelos no tienen en cuenta, sin embargo, la más que probable propagación de la depresión demográfica europea a otros países en vías de desarrollo cuando con nuestro modelo de vida material exportemos otras actitudes asociadas al mismo. De hecho, ya hay algún modelo que se hace eco de este fenómeno, adelantando un estancamiento de la población mundial para 2050.

En cuanto a la segunda objeción, aquellos que decíamos parecen guiarse por un sentimiento más proclive a Tambor que a Gore, sienten de alguna manera que lo que nos devolverá al equilibrio ecológico es la plena integración en la naturaleza, y no nuestro aislamiento con respecto a la misma. Sienten de manera difusa que todo lo que nos saca del puzle del medioambiente va en contra del equilibrio medioambiental. Si rascamos bajo la capa de algodón de azúcar de su difuso sentimiento, puede que encontremos alguna sustancia.

lobo

Hay indicios evidentes que apoyan el razonamiento de los ecologistas científicos o aislacionistas. Basta con observar cómo aquellos ecosistemas menos frecuentados por el hombre se conservan en mejor estado que aquellos en los que solemos disfrutar de nuestro inofensivo tiempo de ocio (playas, rutas de senderismo, etc.). Con estadísticas en la mano, por ejemplo, las poblaciones de grandes carnívoros (linces, lobos y osos) se están recuperando en Europa donde el despoblamiento rural ha sido más acusado, es decir dónde ha fracasado el desarrollo rural. Que el ser humano se está comportando como un agente nocivo para la naturaleza es evidente. Pero la pregunta es, si sólo se está comportando como tal o si ES por naturaleza un agente nocivo. La pregunta que deberíamos hacernos es qué es el ser humano en relación a la naturaleza.

El ser humano ES naturaleza. El gran drama del ecologismo aislacionista o científico, es que olvida la naturaleza allí­ donde se da a nosotros en primer lugar, es decir en nuestro cuerpo de animal racional. Así­, una ecología concreta tiene el deber de ser una ecología humana en primer lugar, no porque el hombre posea una dignidad que le distingue de los animales, sino porque el hombre es el primer animal, la primera naturaleza con la que estamos en relación, y es a partir del cuidado de esta primera naturaleza como nuestra atención puede extenderse a las demás naturalezas (F. Hadjadj). ¿Qué ecologismo es ese que maltrata al primer elemento de la naturaleza con el que tiene relación encerrándolo en una jaula de cables, hormigón y microchips, negándole una de sus más profundas vocaciones? ¿Cómo podría dar al resto de la naturaleza aquello que niega a la primera naturaleza? ¿Y cuál es esta vocación? La de cooperar con nuestro esfuerzo con la gratuidad de la naturaleza en eso que llamamos trabajo. Los monasterios budistas o benedictinos, auténticos vergeles de vida, la vida nómada de los indígenas norteamericanos o los bereberes norteafricanos o la más cercana dehesa ibérica, son ejemplos de perfecta integración, adaptación y modificación del medio ambiente por la actividad humana, en perfecta simbiosis. La situación actual de desequilibrio no es más  que una gota, una excepción, en el océano de la historia humana; aunque sea una gota que nos parezca hay teñido todo de negro.

Desde este enfoque, la principal crítica que se puede hacer a la ecología aislacionista o científica frente a la sentimental, es que ha teorizado de tal manera el medio ambiente que lo ha convertido en una realidad abstracta que excluye a su primer eslabón de enlace con el ser humano, que es el ser humano de carne y hueso, el hombre natural. El desarrollo de una ecología científica lleva a la orfandad del ser humano y a una insensibilidad cada vez mayor con respecto a eso que ni siquiera reconoce en sí­ mismo, pues la mayor parte de lo que somos nos viene dado. El problema ecológico, lejos de lo que proclaman los ecologistas científicos, es un problema antropológico.

Siguiendo el mismo hilo en sentido contrario, la crítica que se puede hacer a los ecologistas exclusivamente sentimentales es que pierden el enfoque económico de la relación entre el hombre y la naturaleza. Y es que allí donde nosotros colocamos el comercio y los servicios, los antiguos colocaban la agricultura, la más antigua y primordial relación entre el hombre, la economía y naturaleza :

  • Virgilio, en las Geórgicas: “Feliz aquel que ha podido conocer las causas“, en referencia a la agricultura.
  • Aristóteles: “el arte de la agricultura viene antes de todos los demás; después aparecen las actividades que extraen las riquezas del suelo, como explotar las minas, la metalurgia, etc. Pero la agricultura es mayor en el orden de la justicia; porque no es ejercida por los hombres como una profesión arbitraria, como la de los mesoneros o la de los mercenarios, ni como una profesión forzada, como la de los guerreros. Añadamos a esto que la agricultura es mayor en el orden de la naturaleza; porque la madre proporciona a todos el alimento natural; y la Madre común a todos los hombres es la tierra“.
  • Cicerón en “De officiis“: “Entre todas las ocupaciones de las que se puede sacar algún beneficio, la más noble, la más fecunda, la más deleitosa, la más digna de un verdadero hombre y ciudadano libre es la agricultura“.

Me imagino argüir a mi amigo con un quizás justo sarcasmo: “Muy bonito, ¿y qué?,¿piensas meter a la humanidad en un monasterio o hacerla nómada? ¿piensas dar un trozo de tierra a todos los habitantes del planeta y armarlos con un azadón para que recuperen el gusto por la feraz naturaleza? ”

Mi respuesta: no podemos ni debemos volver al pasado, que tampoco fue Jauja. No sé exactamente lo que hay que hacer; pero por lo pronto, parafraseando a Chesterton, viene bien que la gente prefiera la leche que procede de las sucias ubres de una vaca a la que proviene de las limpias estanterías de un supermercado por, como decía Virgilio, ignorancia de las causas.

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OEP-2017 Cuerpo de Ingenieros Agrónomos del Estado: 43 plazas de acceso libre y 9 de promoción interna

El pasado sábado 8 de julio se publicó en el BOE el Real Decreto 702/2017 por el que se publica la Oferta de Empleo Público para 2017 (OEP-2017). En los anexos de la citada norma se señala que se convocarán 43 plazas de acceso libre (41 + 2 de turno de discapacidad) para el Cuerpo de Ingenieros Agrónomos del Estado, a las que habrá que sumar otras 9 plazas para el acceso por promoción interna. Se puede descargar la OEP-2017 pinchando aquí.

Se trata de una magnífica oportunidad para los ingenieros agrónomos que deseen acceder a la Administración General del Estado y desarrollar nuestra profesión en el ámbito del servicio público.

En este sentido, recordamos que la OEP-2016 ya señaló otras 43 plazas de acceso libre, las cuales fueron convocadas en el pasado mes de diciembre (pincha aquí para ver la convocatoria) y que están actualmente en pleno desarrollo del proceso de selectivo (fase de oposición).

Desde ANIADE se ofrece orientación ante cualquier duda y para la preparación del proceso selectivo, así como facilidades para el contacto con preparadores. Estimamos que la convocatoria del proceso se publicará en los últimos meses de 2017.

En nuestra página web hay una sección de “Opositores” donde se puede encontrar mucha información y documentación. No obstante, damos atención directa en el correo secretaria@aniade.es

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Algunas noticias interesantes sobre el aceite de palma, la reducción en el uso de fertilizantes …

Desde el advenimiento de Internet no deja de oírse que los medios de comunicación han muerto. Esta afirmación suele referirse únicamente a los tradicionales, los cuales ven sus cuotas de mercado menguar de forma continuada.

La cantidad y la calidad de la producción de los nuevos medios que vienen a ocupar su lugar gracias a Internet es digna de celebrar. A continuación presentamos una recopilación de noticias interesantes aparecidas estas últimas semanas en algunos de ellos:

  1. En el magnifico blog de la Universidad del País Vasco, un buen y documentado artículo sobre el aceite de palma, y sobre su mayor (y real) problema: la deforestación asociada a su producción; producción destinada mayoritariamente a usos ya no favorecidos por la UE.
  2. Siguiendo con temas medioambientales, el INRA ha realizado un estudio que demuestra que la racionalización en el uso de los fitosanitarios puede disminuir drásticamente su consumo. Nos lo cuentan en agroinformación.
  3. Hay opiniones muy diversas, algunas muy enfrentadas, sobre los pagos directos. Nunca está de más leer alguna para evitar situarnos en la temida isla ideológica.
  4. Siempre leemos que el futuro ya esta aquí. Puede que a la enésima vaya la vencida. Un breve resumen con predicciones referidas a la agricultura en este enlace.
  5. ¿Tiene sentido que el regulado se autorregule? La intuición parece indicar que no. Y aunque el siguiente no es el caso, lo parece: sobre las inspecciones fitosanitarias en Holanda y la “manga ancha” con ciertas enfermedades cuarentenarias.
  6. ¿Debe penalizarse mediante un impuesto el consumo de productos agroalimentarios? ¿Es la salud pública la preocupación de los legisladores, o es simple afán recaudatorio? En el siempre interesante blog de Hay Derecho uno de sus colaboradores ha dejado bien clara su opinión.
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El Rey Felipe VI recibe a la Junta Directiva de FEDECA

El pasado miércoles 24 de mayo Su Majestad el Rey ha recibido en audiencia en la Zarzuela a la Junta de Gobierno de FEDECA. El presidente de ANIADE estuvo presente, ya que forma parte de esta Junta de Gobierno.

En este encuentro, FEDECA ha presentado sus respetos y lealtad a la Corona, expresándole el compromiso y responsabilidad de los altos funcionarios para que la Administración preste mejores servicios al ciudadano.

FEDECA es una federación formada por casi 50 asociaciones de cuerpos superiores de la Administración del Estado, con el fin de profesionalización de la Administración sobre las bases de la igualdad, el mérito y capacidad, la mayor objetividad y respeto hacia las condiciones profesionales de los respectivos Cuerpos y Escalas, así como la integridad, el compromiso y la responsabilidad de los funcionarios.

En este sentido, FEDECA realiza distintas actuaciones y trabajos en los que ANIADE, como asociación federada, participa.

Se puede ver la noticia completa en el enlace: https://www.fedeca.es/noticias/el-rey-felipe-vi-ha-recibido-en-audiencia-en-el-palacio-de-la-zarzuela-la-junta-directiva

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El cooperativismo agrario español o cómo huyendo de un fantasma puedes convertirte en otro (II)

Continuación de la anterior entrada.

Causas jurídico-económicas de una oportunidad perdida.

Pintábamos en la anterior entrada un retrato oscuro del cooperativismo español; y esto es así porque lo hacíamos desde la perspectiva del ideal de cooperativa, aquel por el cual, frente a la Sociedad Anónima, la Sociedad Cooperativa se erige como aquella sociedad en la que, dentro de la lógica de la economía moderna, trabajo y capital vuelven a estar vinculados para generar riqueza. Terminábamos preguntándonos si los poderes públicos habían tenido alguna responsabilidad en tal situación.

La conciencia de esta situación por parte de la Administración es innegable. A todos nos suena la machacona invocación a la necesidad de integración cooperativa para paliar la grandísima atomización del sector agrario (sólo hay que introducir en Google “atomización cooperativa” para encontrar miles de resultados que vinculan a la Administración con este tema, ya desde los 90). Su última manifestación es la Ley 13/2013 de fomento de la integración de cooperativas.  Pero quizás, los árboles no nos hayan dejado ver el bosque. La preocupación por el  tamaño empresarial ha desviado la atención del verdadero problema de las cooperativas españolas. Cada empresa requiere una dimensión adecuada al mercado en el que compite; una dimensión similar a la de sus competidoras; una dimensión que le permita negociar en condiciones de igualdad con sus proveedores y sus compradores. Pero mayor no es siempre sinónimo de mejor. El problema de las cooperativas agroalimentarias españolas no es en primer lugar el tamaño, sino su incapacidad de financiación.

Cooperativa Ganadera del Valle de los Pedroches

Cooperativa Ganadera del Valle de los Pedroches

Una cooperativa, de inicio, tiene dificultad para captar capital por  su propia naturaleza. La cooperativa nace como algo opuesto a la Sociedad Anónima, que es la máquina jurídica  perfecta para captar capital. En las sociedades anónimas, al ser el capital fijo -el socio sólo puede recuperar su valor mediante la venta de las acciones- y al depender su valor del funcionamiento de la empresa y su imagen en el mercado, el capital social puede revalorizarse, resultando atractiva la inversión por parte de inversores anónimos. Este capital fijo y creciente se usa como garantía para captar crédito.

En las cooperativas, en cambio, el capital es variable (el socio se lo lleva al irse y lo aporta al llegar), no dependiendo su valor del funcionamiento de la empresa, sino del valor de sus activos. Esto hace que no sea garantía válida para la captación de crédito. Por otro lado la financiación de las sociedades anónimas es atractiva, al permitir la ley la remuneración variable al capital. En las cooperativas esto no es posible: la remuneración es fija. Contablemente hablando, esto supone que la Sociedad Anónima cuenta con el Capital y las Reservas en el Propio, mientras que la Sociedad Cooperativa sólo cuenta con las Reservas (que suelen ser nulas en el 80 % de las cooperativas españolas como vimos en la anterior entrada). A esto hay que añadir la interpretación restrictiva de los principios cooperativos que hacen tanto la ley nacional como las autonómicas: por ejemplo, la limitación a las operaciones con terceros.

*Un modelo alternativo

Desde los poderes públicos no se puede  cambiar la idiosincrasia de los agricultores españoles. Pero sí se puede promover la sanción de leyes cooperativas que no supongan en sí mismas una traba a la financiación cooperativa.

Sin desviarse un ápice de los principios cooperativos  es posible la promulgación de leyes cooperativas tanto a nivel autonómico como nacional que mejoren la capacidad de financiación de las cooperativas. El modelo propuesto por Joaquín Domingo Sanz, se fundamenta en que “las reservas no se repartirán a los socios durante la vida de la cooperativa, sino al final de la misma, protegiendo a la cooperativa durante la misma”.

Con este modelo el 100 % de las reservas son de los socios –actualmente una gran parte de las mismas revierte a la Administración con la disolución de la cooperativa-, siendo  a la vez de la cooperativa durante toda su vida.  Según este modelo,  el Capital Social se dividirá en: i) Capital Social con derecho a devolución: recuperable íntegramente en el momento de la baja (el equivalente al que hay en la actualidad) y ii) Capital fijo con derecho a ser cedido, irrecuperable por el socio salvo al final de la vida de la cooperativa o a través del traspaso a un tercero (nuevo socio) con el consentimiento de la cooperativa (equivalente a las acciones de la Sociedad Anónima). El Capital Social fijo se nutrirá del Capital Social con derecho a devolución (10 % cada año; en 10 años se habrá hecho fijo) . Este capital pasará al Fondo de Educación si hay abandono y no se cediese a un tercero.

Con este sistema el valor de la participación social unitaria estará relacionado con la marcha de la empresa. Si la empresa funciona revertirá en sus socios pagándose mejores precios por su trabajo, siendo a la vez atractiva la participación en la cooperativa debido a la plusvalía que pueda generar la cesión de participaciones. Asimismo, las reservas harán que crezca el valor teórico de las aportaciones, lo que redundará en el beneficio del socio en el momento de su jubilación mediante la venta de su participación.

Este modelo supone un acercamiento del modelo de financiación cooperativa al modelo de financiación de la Sociedad Anónima. Sin embargo, puede observarse cómo este acercamiento no supone la transgresión de los principios cooperativos. Los tres principales permanecen intactos: i) un hombre, un voto,  ii) participación económica de los asociados y iii) los superávits pertenecen a los socios. La protección del resto de principios cooperativos dependerá del desarrollo estatutario propio de cada cooperativa.

La Sociedad Cooperativa surgió para generar riqueza (capital) restableciendo el vínculo entre trabajo y capital. Sin embargo, su búsqueda de distanciamiento con respecto a la Sociedad Anónima, la hizo deslizarse hasta presupuestos jurídicos antieconómicos. La Sociedad Cooperativa  olvidó durante su desarrollo legislativo y social  que surgió para generar riqueza de un modo diferente, centrándose, por el contrario, en ser diferente sin generar riqueza. El Estado Capitalista usó las sartenes para dar sartenazos. El cooperativismo pese a surgir para usar las sartenes en la cocina, acabó usándolas de florero. Huyendo de un fantasma, se convirtió en otro.

Algunas cooperativas españolas se han desarrollado gracias a fuertes motivaciones extraeconómicas (Mondragón, COVAP, Los Pastoreros, etc.), ajenas o incluso sobreponiéndose a la legislación cooperativa. Pero estos casos son la excepción (3 %). Es necesaria una legislación que promueva, en lugar de la integración como valor supremo, mejorar la capacidad de financiación de las cooperativas españolas protegiendo su capital social y  catalizando el cambio en la política de reparto de reservas voluntarias, tal y  como propone el modelo expuesto.

*De los apuntes de la asignatura “Gestión de Cooperativas Agrarias” (2009),  Joaquín Domingo Sanz (ETSIAM de Córdoba).

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El cooperativismo agrario español o cómo huyendo de un fantasma puedes convertirte en otro (I)

La cooperativa como restauración del vínculo entre capital y trabajo.

El capital, junto con la tierra y el trabajo,  es uno de los tres factores económicos que participan en la generación de la riqueza. Capital es cualquier herramienta o instrumento, cualquier reserva o provisión cuyo fin no es la producción de riqueza para el consumo inmediato. Una sartén, por ejemplo, es capital.

Si sorprende que los hombres vayan a la guerra por un concepto,  mucho más lo hace que lo hagan por un concepto que designa a una cotidiana e inofensiva sartén.  La sorpresa se atenúa  si caemos en la cuenta de que el capital, como la sartén, puede usarse tanto para producir riqueza como para dar sartenazos .

En efecto, si entendiéramos por capitalismo aquella sociedad en la que se da o no se impide el capital (la provisión de riqueza), tendríamos que afirmar que toda sociedad es capitalista desde que existe como tal. Sin embargo, cuando hablamos del Estado Capitalista, según la ya clásica definición de Belloc, nos estamos refiriendo a algo que no hace referencia simple y llanamente al concepto de capital sino a una situación económica en la que i) los ciudadanos son políticamente libres (pueden usar o no sus propiedades y trabajo), pero ii) también están divididos en capitalistas y proletarios en tales proporciones que el Estado como conjunto no está caracterizado por la institución de la propiedad privada entre sus ciudadanos libres, sino por la restricción de la propiedad privada a un estrato minoritario.

Este desequilibrio en la distribución de la propiedad privada, propia del Estado Capitalista o burgués, generó  las tensiones políticas y sociales por todos conocidas de ciertos países europeos durante la segunda mitad del s. XIX, y que se extendieron posteriormente a todo el mundo. Muchas de las reacciones a este desequilibrio han sido violentas,  como su causa; tanto en la acepción física como en la social del término violencia. Físicamente violentos fueron la Revolución bolchevique y el nazismo. Socialmente violento para con sus comunidades ha sido el intervencionismo estatal de los Estados occidentales de posguerra. Una de las escasas respuestas intrahistóricas o reformistas al Estado Capitalista fue el movimiento cooperativo.

Robert Owen

Robert Owen

Frente a la Sociedad Anónima, persona jurídica paradigmática del Estado Capitalista, ideólogos como  Robert Owen,  dieron forma a la persona jurídica y a la figura empresarial de la Sociedad Cooperativa.  La ruptura del vínculo tradicional entre capital y trabajo que trajo el Estado Capitalista cristalizó en la Sociedad Anónima, es decir, en la sociedad sin nombres. Los propietarios por un lado, los trabajadores por otro. Anónimos los unos, anónimos los otros. Con la Cooperativa se buscaba restaurar el vínculo económico entre trabajo y capital del antiguo artesanado dentro de la nueva lógica económica.

Y en España, ¿qué?

El fenómeno del movimiento cooperativo prendió en aquellos países en los que primero se dio la proletarización de las masas, es decir, en aquellos lugares donde el capitalismo y la Revolución Industrial antes habían hecho acto de presencia. Su introducción en España fue lenta y defectuosa. Donde primero arraigó fue en los ambientes industrializados de España (País Vasco, Cataluña y Valencia) de mano de los movimientos anarcosindicalistas. En el resto de la muy agraria España lo hizo de la mano de la Iglesia Católica, alentada por la encíclica Rerum Novarum, de León XIII (Puentes Poyatos, R., 2008). Muchas veces se achaca al carácter individualista español la mala implantación del cooperativismo en los ambientes agrarios. Sin embargo, parece natural que su arraigo fuera más fecundo en mentes abonadas por la lógica de la economía moderna, es decir, en ambientes industrializados y fuertemente politizados, que en ambientes rurales.

El sociólogo alemán Max Webber da cuenta de causas más profundas en su “El espíritu del capitalismo y la ética protestante” (1905). Webber relaciona directamente el éxito del capitalismo y su lógica del progreso económico con el protestantismo. El protestantismo, en contraposición al catolicismo, atribuye el progreso económico a la bendición divina (Calvino), y exalta la vida en el mundo frente a la vida monástica (Lutero).

 Otras causas, que puede que sean objeto de futuras entradas, entroncan con la situación del campesinado español antes y después de las sucesivas desamortizaciones, así como la asimetría de sus consecuencias entre el norte y el sur peninsular.

*Sean unos u otros los motivos de la defectuosa implantación y desarrollo del movimiento cooperativo en España, éste se caracteriza por su fortísima atomización con respecto al cooperativismo de los países del norte de Europa. El  cooperativismo agrario español puede categorizarse en tres grupos.

El primero integra al 80 % de las cooperativas agrarias españolas. Su principal característica es su política de márgenes brutos, según la cual el pago definitivo al socio se hace después de saber cuál ha sido el beneficio de la cooperativa, igualando beneficios a costes por medio del precio pagado a los socios por su actividad. Esta política cortoplacista impide la financiación de la empresa a cambio de un mejor precio inmediato para los socios y una reducción del pago de impuestos (beneficio nulo). Este tipo de cooperativas suelen ser de funcionamiento estacional (almazaras) con muy escasos recursos humanos fijos (normalmente un solo empleado). La dependencia de la financiación pública es muy alta.

El segundo agrupa a un 3 % de las cooperativas agrarias españolas. En ellas el precio del producto pasa a un segundo plano debido a que los socios obtienen múltiples ventajas económicas del resto de actividades. Gracias a ello son capaces de autofinanciarse vía reservas voluntarias. El socio realiza toda su actividad económica con la cooperativa (compra de productos en general, materias primas, créditos, ahorros, etc.). Este tipo de cooperativas suelen ser ejes económicos de sus comarcas. Son capaces de de llegar al consumidor final y de generar una fuerte identificación del socio con la cooperativa.

El 17 % restante de las cooperativas se encuentran en los eslabones intermedios entre las dos categorías anteriores. En otros países europeos los porcentajes respectivos entre categorías están mucho más equilibrados para un  número de cooperativas mucho menor. España, por ejemplo, tiene prácticamente el mismo número de cooperativas que Francia (20.050 vs 22.517) para un número de socios inferior a los 7 millones frente a los más de 26 millones de socios en Francia. Estas diferencias son más acusadas cuanto más septentrionales son los países con los que nos comparamos.  Entre las primeras 35 cooperativas europeas por volumen de negocio sólo se encuentran dos españolas y ninguna es agraria, frente a las, por ejemplo, 10 francesas y 4 holandesas, entre las que sí hay representantes agrarios (Quintana Cocolina, C., 2016).

Con este retrato del cooperativismo español podemos preguntarnos, ¿cumplen la mayoría de cooperativas españolas con su principal objeto, a saber, la vinculación del trabajo y el capital para la generación de riqueza?  Para que se de esta vinculación, las cooperativas deberían preocuparse por el mantenimiento de ambos términos del binomio, es decir, deberían ser entes que se preocuparan por, al menos, conservar su capital.  En su lugar hemos visto que el 80 % de las cooperativas españolas se encuentra en un proceso de descapitalización continua debido a su dificultad a la hora de captar financiación.

La ausencia de identificación entre el socio y su cooperativa es el síntoma más evidente de la ineficacia de la mayor parte de las cooperativas españolas en cumplir con su fin. Pareciera, en definitiva, que una mayoría de cooperativas hubieran nacido como entes públicos – en el mal sentido de la palabra público, es decir, sin propietarios-, con los que nadie se identifica.

¿Cómo ha devenido un movimiento cuyo objeto era huir del fantasma del anonimato de la Sociedad Anónima  en algo tan fantasmagórico y anónimo como ella? ¿Tienen alguna responsabilidad los Poderes Públicos? De ser así, ¿pueden hacer algo al respecto?

La respuesta, en la próxima entrada.

Bibliografía no enlazada en el texto

*De los apuntes de la asignatura “Gestión de Cooperativas Agrarias” (2009), Joaquín Domingo Sanz (ETSIAM de Córdoba).

Puentes Poyatos, R.: (2008) “Las cooperativas de segundo grado como forma de integración: especial referencia al efecto impositivo”, Edición electrónica gratuita.

Quintana Cocolina, C. (2016). “The power of cooperation. Cooperatives Europe key figures 2015”. Cooperatives Europe.

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Calidad dual

Se ha denomidado “calidad dual” al suceso de que, bajo una misma marca, mismo precio y nombre comercial, el producto que se vende (un pastelito, una tarrina o un refresco) presente distinta composición dependiendo de que dicho producto se destine a un mercado o a otro. Un mismo refresco vendido en Alemania está endulzado con sacarosa, por ejemplo y ese mismo producto contiene edulcorantes artificiales en el país vecino.

La cuestión de la percepción de la calidad dual de los productos, principalmente los productos alimenticios, apareció en los países de Europa central y oriental (especialmente Checo-Eslovaquia y Hungría), países que están cerca de los mercados de Alemania y Austria y los consumidores  tienen fácil la posibilidad de comparación (también en Bélgica es posible porque al parecer es un mercado “de pruebas” para los productos que se venden en el continente).   Esta cuestión surgió inicialmente después de la ampliación de 2004, pero como las diferencias persisten el asunto “ha renacido”. En el Parlamento Europeo los diputados están, en este momento,  proponiendo preguntas a la Comisión.

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Edificio Berlaymont, de la Comisión Europea

Los ministros de agricultura de algunos países, como Hungría han hecho declaraciones argumentando que  consideran inadmisible “que algunas compañías consideren a las personas del centro y este de Europa  como ciudadanos de segunda clase y éstos tienen el derecho a adquirir productos de la misma calidad” . Éstos han solicitado a las instituciones europeas que impulsen la adopción de una regulación al respecto.

Entre las instituciones europeas, el tema es muy discutido, ya que, al ser un asunto horizontal no está claro en quién debe recaer la responsabilidad. En asuntos de mercado interior, el comisario de  “GROW” puede tener una competencia parcial por las cuestiones relacionadas con la unidad de mercado, el comisario de “SANTE”  sobre seguridad de los alimentos (pero en realidad los alimentos son seguros, independientemente  de su composición) y la comisaria de justicia “JUST” en el ámbito de consumidores (un trato justo e igualitario). En este momento, en la Comisión Europea  hay un consenso entre comisarios para que JUST lo lidere. Sin embargo, sólo se puede decir, desde las competencias que actualmente tiene esta comisaria, que, desde el punto de vista de la  legislación del consumidor, todo está bien.

La cuestión ha continuado apareciendo y ahora la Comisión Europea siente que realmente necesita hacer algo. Mientras que GROW y SANTE siguen siendo reticentes, ya que legalmente no hay mucho que hacer, la presión política sigue siendo importante. El 6 de marzo, el tema se debatió también en el ámbito del Consejo de Agricultura y Pesca, aunque no es un tema únicamente relacionado con la composición de los alimentos, ya que también otros productos, como es el caso de detergentes vendidos con famosas marcas comerciales, tienen distinta composición, por ejemplo en España.

Después de que los estudios que se han llevado a cabo han confirmado que existen diferencias importantes de composición y calidad entre los productos de la misma marca y con el mismo embalaje y mismo precio, en el Parlamento Europeo varios parlamentarios han levantado la voz sobre si es aceptable jurídicamente que se utilice la misma marca comercial para ofrecer a los consumidores productos de diferente calidad en su composición básica, induciéndoles a error.

La estrategia, por ahora, es hacer conocedor al consumidor de lo que está pasando para que tenga la capacidad de elegir y comparar, ya que la cuestión de impulsar una iniciativa legislativa  no es tarea fácil. En cualquier caso, puede ser un nuevo reto para nosotros, los agrónomos, que hemos sido promotores en el ámbito alimentario de una calidad diferencia e independiente de los criterios sanitarios básicos, lo cual someto a vuestra reflexión.

Mónica Martínez Castañeda.

European Commission

Cabinet of Commissioner Věra Jourová

Justice, Consumers and Gender Equality

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Estibadores vs Agrónomos

El diario “La Razón” publicó el 14 de marzo la carta “Estibadores vs Veterinarios” de D. José Luis Gardón. Agradecemos su interés y esfuerzo por hacer visibles a los funcionarios destinados en puertos que dependen funcionalmente del MAPAMA.

Por su aplicabilidad a los ingenieros agrónomos del Estado destinados como inspectores de sanidad vegetal en puertos, la reproducimos a continuación. 

Sustitúyase veterinario por agrónomo, añádase la imposibilidad de éstos últimos de participar en los concursos de personal y téngase en cuenta el creciente volumen de mercancías vegetales que se importan y exportan por nuestros puertos (algunos como el de Algeciras, por ejemplo, sencillamente colapsaría con sólo medio día de huelga de sus inspectores de sanidad vegetal).

“Estibadores vs Veterinarios”

El conflicto de los estibadores choca con la postura de los veterinarios funcionarios destinados en los puertos españoles. Los veterinarios destinados en los puertos españoles llevan años siendo despreciados por los sucesivos gobiernos. Ni una sola de sus reivindicaciones – carrera profesional, conciliación familiar, complementos, jornadas laborales- ha sido atendida. La cualificación de los veterinarios destinados en los puestos de inspección fronterizos es superior que la de los estibadores. Sin embargo, los veterinarios están peor pagados y considerados. Los estibadores tienen pluses de jornada, de penosidad, de toxicidad y peligrosidad. Pues bien, todos esos pluses son perfectamente aplicables a los veterinarios, que siguen sirviendo en los puertos sin amenazas de huelga. Parar los puertos es algo muy grave, y los veterinarios funcionarios dan un gran ejemplo, pese a que los sucesivos gobiernos ni tan siquiera contestan a sus cartas.

José Luis Gardón. 14/03/2017.

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La tecnología (II). Unamuno y el progreso.


Continuación del anterior

Suele esgrimirse en contra D. Miguel de Unamuno, la conocida frase “¡Qué inventen ellos!”, de su ensayo “El Pórtico del Templo” (1906). Con ella el insigne vasco abogaba por el abandono español de cualquier preocupación tecnológica. Por lo general se considera expresión de los prejuicios hispánicos hacia el progreso tecnológico y por tanto causa y eslogan del atraso tecnológico de nuestro país y de toda Latinoamérica. Su defensores tratan de justificarla acudiendo a la descontextualización de la frase. Pero nada más lejos de la realidad. Esta posición, antiprogresista, fue mantenida por Unamuno con mayor firmeza a medida que avanzaba su carrera. Comienza a atisbarse en obras tan conocidas como  en “Amor y pedagogía” (1906) y termina cristalizando en su “Del sentimiento trágico de la vida” (1913).

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Don Miguel de Unamuno, 1925

En este fragmento del ensayo breve “Mecanópolis” (1913), en el que describe un futuro dominado por las máquinas, podemos apreciarla claramente: “Y desde entonces he concebido un verdadero odio a eso que llamamos progreso, y hasta cultura, y ando buscando un rincón donde encuentre un semejante, un hombre como yo, que llore y ría como yo río y lloro, y donde no haya una sola máquina y fluyan los días con la dulce mansedumbre cristalina de un arroyo perdido en un bosque virgen”.

Pero Unamuno no siempre pensó así. Fue cuajando este pensamiento a partir de una posición claramente positivista. Hasta 1906, Unamuno era un declarado y entusiasta socialista científico, seguidor de las teorías de Compte y Spencer, llegando a afirmar que “el socialismo científico era pura y simplemente la verdadera religión de la humanidad”. ¿Qué ocurrió para que diera tan drástico giro? ¿En qué se basaba su odio hacia progreso tecnológico?

La clave la encontramos en su conocido concepto de intrahistoria.  Unamuno no odiaba el progreso por el progreso. Unamuno se dio cuenta del vacío que encerraba un progreso planificado desde fuera, el progreso alienador. Pasó de una fase en la que estimaba el progreso técnico por sí mismo a otra en la que estimaba que “el progreso social ha de alcanzarse conforme a las condiciones de la tradición viva, de la intrahistoria de un pueblo; de lo contrario, con una fórmula científica y universal, tan sólo se logrará anular a ese pueblo“.

Cada época y cada sociedad tienen sus grandes retos o tareas comunes. Si tuviéramos que elegir la de nuestro tiempo, la del siglo XX y XXI,  casi sin lugar a dudas, sería la tarea común del desarrollo tecnológico. Sin embargo, en el trabajador de a pie -y no nos referimos solamente a los obreros manuales- este gran reto no genera entusiasmo, sino pesadumbre. La pesadumbre del paro para los que no tienen empleo, la pesadumbre de la repetitividad y el aburrimiento para los que lo tienen. ¿Cómo se ha llegado a tal desapego? La falsa ley de la eficiencia ha relegado la dignidad inherente al trabajo humano, considerándolo como un lastre, llegando a sentir el trabajador sobre sus hombros el peso de su propio estorbo.

Si no consideráramos el trabajo como un lastre, si invirtiéramos la espiral y valoráramos el trabajo como lo que es, es decir, como el medio que tiene el hombre de alcanzar su dignidad mediante la participación en la tarea común de una sociedad, la sustitución indiscriminada del trabajo humano por trabajo mecánico no tendría ningún sentido, porque ¿por qué ha de hacer una máquina lo que me proporciona dignidad y felicidad?

Es tristemente lógico que el empresario se encuentre imbuido en esta lógica de la automatización indiscriminada con el fin de disminuir costes, pero, ¿no nos escandaliza que el mismo trabajador esté poco a poco aceptando la inexorabilidad de la automatización, resignándose a aceptar un salario sólo por existir sin participar de ningún modo en la tarea común? ¿no es éste el concepto de renta básica? Esto creará una sociedad de alienados, de personas desconectadas de cualquier preocupación común. La Revolución Industrial creó la clase del proletariado; la Revolución Tecnológica creará una nueva clase, la de los descartados,  que tendrán que ser mantenidos por la clase dominante, la de los supervisores y los creativos, como dice Hawkins, mediante ese subsidio que eufemísticamente llaman renta básica.

La responsabilidad de los ingenieros en todo este proceso, sobre todo desde la Revolución Industrial, es considerable; para bien y para mal. Asumiendo las responsabilidades de su posición profesional, en este momento histórico, la tarea del ingeniero es la de contribuir en la medida de sus posibilidades a la reconducción del desarrollo tecnológico hacia una tecnología connatural al hombre. Una tecnología que ayude al hombre en su trabajo, pero que no lo sustituya. Una tecnología que no anule la creatividad,  ni la dignidad de su esfuerzo, sino que lo embellezca y realce. Una tecnología que ensalce al trabajador y su trabajo.

En la era de las aplicaciones móviles, las redes sociales y la electrónica de bajo coste, las pequeñas intervenciones que ayuden al trabajador desde dentro, introduciéndose en su intrahistoria y no anulándola, son cada vez más factibles. Los ingenieros no tenemos excusas para caer en la espiral de la eficiencia, dejando de participar en el desarrollo de una tecnología servicial, intrahistórica y artesanal que plante cara a la automatización indiscriminada.

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La tecnología (I). La Revolución tecnológica y la ley de la eficiencia.

Durante la II guerra púnica, la independiente ciudad griega de Siracusa se alió con los cartagineses ante la amenaza de la conquista romana. Fue heroica su resistencia durante meses al ejército romano. Pero lo que nos importa no es el hecho de su resistencia sino cómo se llevó a cabo. Siracusa contaba entre sus ciudadanos con el científico e ingeniero Arquímedes. Según las crónicas de Polibio, la intervención de Arquímedes fue clave en la resistencia frente a Roma. Se cuentan entre sus ingenios bélicos, gigantescos lanzadores de piedra de doble brazo que arrojaban proyectiles de enorme peso a larguísimas distancias, aparatos capaces de dejar caer sobre los barcos del enemigo enormes cantos rodados y vigas, garras de hierro con la que hundía barcos de gran tonelaje, o los míticos espejos ustorios que podían prender fuego a los barcos concentrando la luz solar a larguísimas distancias. Sus aplicaciones técnicas tuvieron tanto éxito, que la victoria final de los romanos llegó gracias a un engaño, no siendo capaces de conseguirla mediante el enfrentamiento directo. El relato de las maravillas de que fue capaz Arquímedes es todavía hoy en gran parte incomprensible, moviéndose entre lo histórico y lo legendario. Su logros son aún objeto de estudio y discusión.

Sitio de Siracusa

Sitio de Siracusa

Nos interesa este relato por la significación de su anomalía. Las crónicas sobre aplicaciones técnicas de tal calibre son muy escasas en el mundo antiguo. Pero aún más sorprendente es su ausencia en el caso de una sociedad con tan avanzados conocimientos científicos como la griega.

Para algunos autores, si la ciencia griega no produjo muchas aplicaciones técnicas no fue por incapacidad, sino porque los científicos griegos no las querían. Por un lado temían las consecuencias de su uso por tiranos y conquistadores. Por otro, su ejercicio científico formaba parte de corrientes esotéricas reservadas sólo para algunos iniciados. Esto explicaría que los secretos de las invenciones de Arquímedes siguieran siendo una incógnita durante siglos, habiéndolos puesto en práctica él mismo, única y exclusivamente para defender su patria sin revelar sus misterios.

Con la conquista romana del mundo conocido, las grandes obras de ingeniería se extendieron, pero el genuino saber griego pareció enmudecer. Corrió el riesgo de perderse con la caída del Imperio Romano, salvándose durante la Edad Media  gracias al movimiento monástico y a las escuelas de pensamiento árabes. No obstante, este periodo no fue de latencia, sino de metamorfosis. La ciencia griega resurgida en Europa ya no era la misma. Si el motor de los científicos griegos era el conocimiento por sí mismo, en el desarrollo de la ciencia europea, tal y como acabó demostrando la revolución industrial, lo era la promesa de poder transformar la realidad. Mientras que la ciencia griega era esotérica, la ciencia surgida de la Edad Media resultó democrática y universal. La desaparición de las fronteras entre ciencia y tecnología, entre sabios e ignorantes, entre conocimiento y poder trajo la Modernidad.

Esta mutación llegó a su madurez con la Revolución Industrial. Antes de la misma los obreros estaban sometidos a la necesidad natural, después pasaron a estarlo de la necesidad mecánica, de manera que la tecnología pasó a cumplir el papel de la naturaleza. Si antes el esfuerzo era para vivir, ahora lo era para ser eficientes. Pareciera que con la Revolución industrial la humanidad entera se hubiera ajustado a una nueva ley natural que obligara al hombre a ser cada vez más y más eficiente, a hacer cada vez más con menos.

Científicos y pensadores anuncian que estamos en los albores de una nueva revolución tecnológica, seguramente de más profundas consecuencias que la Revolución Industrial. Recientemente, en “The Guardian” Stephen Hawkins profetizaba que el aumento de la automatización y el ascenso de la Inteligencia Artificial va a acabar con los empleos de la clase media, manteniéndose sólo, y en número escaso, los empleos creativos y de supervisión. Paralelamente las voces que demandan una renta básica van en aumento. “Es inevitable. Es progreso”, afirma el conocido científico.

Pero, ¿realmente es inevitable este “progreso”? ¿verdaderamente es necesaria la eficiencia?

En un entramado científico-técnico sano deberían poder distinguirse claramente el papel de las ciencias puras y de la tecnología. Entendemos por ciencias puras aquellas que no someten su inteligencia nada más que el deseo de conocer la verdad. Incluimos todas las vías de conocimiento de la verdad posibles, tanto las de las ciencias humanas como las de las ciencias naturales. La tecnología, en cambio, debe poner su inteligencia al servicio de la consecución de un objetivo concreto preestablecido, usando los conocimientos adquiridos por las ciencias puras.

En nuestro actual sistema científico-tecnológico los papeles se han invertido. Las ciencias puras  se encuentran sometidas a las posibles aplicaciones que de ellas se consigan, habiendo quedado relegadas a la irrelevancia algunas de ellas, como las ciencias humanas, de las que ningún fruto tangible puede obtenerse. Entre las que se supone que son ciencias puras, no existe la búsqueda absoluta y libre de la verdad, sino que invirtiéndose la escala, son los científicos los que se someten a las necesidades de los tecnólogos.

La vocación de la tecnología, en cambio, es la transformación de la realidad. Esta noble vocación, al perder su carácter instrumental, se ha convertido en tirana de todo el sistema, alimentándolo con la mentira de la eficiencia. La tecnología, sólo desde un enfoque de servicio tiene sentido. Su encumbramiento a la categoría que los griegos le daban a las ciencias puras, nos hace servidores de ella, enloqueciendo el sistema. 

No existe ninguna ley que nos obligue a ser más eficientes, más productivos o a estar más ocupados. No existe ninguna razón que nos obligue a avanzar en la eficiencia, si llegamos a la conclusión de que ésta puede dañarnos. Como decía Chesterton, la eficiencia, la velocidad y la productividad pueden ser grandiosas; pero no hay ninguna razón para que nos dirijamos hacia una grandiosidad que puede acabar con nosotros.